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Corea del Sur el gran mediador entre Estados Unidos y Corea del Norte

Lunes, 12 de marzo de 2018- El presidente Moon no sólo puso su nombre y su popularidad en juego, sino también a su próspero país.

Cuando el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, decidió invitar a una delegación norcoreana a participar en los Juegos Olímpicos de Invierno en Pyeongchang, muchos analistas observaron que el mandatario corría grandes riesgos, tanto dentro como fuera de su país.

En la interna, su decisión de extender la mano al régimen de Kim Jong-un, tras siete décadas de férrea división, amenazaba con desencantar al poco más de 40% de los votantes que lo apoyó el año pasado, cuando se impuso en la carrera por suceder a la destituida Park Geun-hye en la presidencia. En lo externo, ello podría alienar y hasta enfurecer a la Casa Blanca, aliado histórico de Seúl.

Nada de eso parece haberse concretado. La apuesta de Moon terminó por abrir la puerta a un encuentro sin precedentes entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y Kim, que, aunque no deja de poner nerviosos a analistas y académicos, ha sido destacado por el mundo como una oportunidad de avanzar hacia la desnuclearización de la península coreana y, en el largo plazo, el fin de un largo aislamiento del norte.

“Moon merece el crédito por reducir significativamente el riesgo de una guerra en la península, al abrir la puerta al diálogo con Corea del Norte”, dijo a Financial Times el investigador Paik Hak-soon, del Instituto Sejong.

Agregó que el mandatario “logró encontrar intereses comunes entre las dos Coreas. También entiende el dilema estadounidense con los temas nucleares y balísticos de Corea del Norte. Es casi imposible que Trump frene el desarrollo de misiles en Corea del Norte sin abrir el diálogo”.

Pero Moon no sólo puso su nombre y su popularidad en juego ante las negociaciones. También a su propio país, que podría sufrir las consecuencias de un quiebre violento del diálogo y una represalia norcoreana. Corea del Sur, un país económicamente próspero y relativamente estable en lo político, tiene mucho que perder.

Cifras de la división

Desde la separación de la península al final de la II Guerra Mundial, la economía de Corea del Sur ha logrado posicionarse como una de las más avanzadas y dinámicas del mundo. A diferencia de su vecina -cuyo aislamiento internacional ha desembocado en un deterioro económico y estancamiento tecnológico-, el país de 51 millones de habitantes se ha consolidado como una democracia robusta, que juega un rol relevante en el mundo.

Según el Fondo Monetario Internacional, Corea del Sur tiene el 11° mayor Producto Interno Bruto del mundo, con US$ 1,5 billón (millón de millones) en 2017, el cuarto más alto en Asia después de China, Japón e India. Cerró 2017 con un crecimiento de 3% en el cuarto trimestre, un nivel desde el que no se ha alejado demasiado desde los tres trimestres de contracción que experimentó en 2009, en medio de la crisis financiera.

En enero, el desempleo fue de 3,6%. El indicador no ha superado el 4% desde febrero de 2010. La inflación, en tanto, se mantiene baja: el mes pasado fue de apenas 1,4%.

Pero aunque en muchos índices puede situarse por sobre Corea del Norte (con una expectativa de vida de más de 82 años, frente a los menos de 70 de los norcoreanos; o un ingreso per cápita de US$ 27.500, frente a los US$ 1.260 del norte), hay uno en que Seúl puede preocuparse: la edad. Mientras su población envejece (con una edad promedio de 40,8 años), la del norte aún se mantiene joven (34 años), y la tasa de natalidad en el aislado régimen también es mayor.

Qué hay en juego

Las habilidades de Moon Jae-in como mediador entre EEUU y Corea del Norte serán puestas a prueba en un factor clave: las sanciones que el mundo, y especialmente Washington, han impuesto al régimen de Kim para frenar su programa nuclear. No sólo no han tenido éxito, también han contribuido a empobrecer aún más al aislado país.

Pero lograr que se suavicen es difícil. Corea del Norte ha ofrecido más de una vez desnuclearizarse para entrar a largas y arduas negociaciones y luego desconocer sus promesas. Aunque el régimen de Kim ha asegurado que dejará de probar sus misiles, es probable que sus científicos y técnicos sigan trabajando en el programa de desarrollo nuclear.

De haber avances, no obstante, Moon y Corea del Sur podrían ser los mayores ganadores. Mientras el presidente cosecha réditos políticos, el país podría disfrutar de una bajada de las tensiones que, hace un año, parecían a punto de estallar.