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El dilema moral de los puertorriqueños: ¿Irse o quedarse?

Viernes, 10 de noviembre de 2017 Por Prensa Asociada- La destrucción causada por el huracán María desata un angustioso debate entre amigos, parientes y compañeros de trabajo acerca de si es aceptable desde un punto de vista moral irse de la isla o hay una obligación patriótica de quedarse y ayudar a reconstruirla.

Más de 140.000 puertorriqueños se han ido desde la tormenta del 20 de septiembre y algunos expertos pronostican que les podrían seguir más de 300.000 en los dos próximos años. Esto se sumaría a otro éxodo de proporciones similares ocurrido en la última década como consecuencia de una feroz crisis económica, que representó una enorme pérdida de población para esta isla de 3.400.000 de habitantes.

Muchos de los que parten hacen frente a las recriminaciones de sus compatriotas, que los acusan de abandonar su patria cuando más los necesita.

Nilsa Montes, mesera desempleada, dijo que sus amigos y su familia a menudo hablan mal de quienes se han ido.

“Siempre se les critica porque dicen, ‘Ah, no te quedaste’”, señaló. “Yo no me mudo porque yo no me quito (no me rindo)”.

La consigna de quedarse en Puerto Rico y colaborar en la reconstrucción ha generado un movimiento sociocultural, con la misma consigna que usó Montes: “Yo no me quito”.

Esas cuatro palabras se han transformado en un popular hashtag que se usa en las redes sociales junto a fotos de puertorriqueños que reconstruyen viviendas, distribuyen comida y agua o simplemente descansan en la playa. Algunos que se fueron o planean irse comentan que se quedarían si alguien les diese trabajo, electricidad o agua.

La consigna “yo no me quito” es tan fuerte que cuando Denise Centeno, que dirige el centro de Consejería Familias Hispana de Orlando, Florida, hizo escuchar el tema “Isla Bendita” entonado por un cantante que incluyó esas cuatro palabras, generó una inesperada reacción de sus clientes.

“La gente que vino de Puerto Rico estaba llorando con una culpabilidad horrible”, relató. “Se sienten como que, ‘Ay, me quité (me fui), yo quería quedarme’. Eso pues sí, hiere”.

En una reciente cadena de comentarios en Twitter sobre los méritos de quedarse o irse, un puertorriqueño escribió: “Ustedes, lxs que se fueron, huyan de la ‘catástrofe’ que quienes nos quedamos, levantaremos la bandera aún más alta de lo que ya está”.

La gente que se fue cree que las críticas son injustas.

Carlos Rodríguez, un guardia desempleado y paramédico voluntario, se fue con su esposa y sus dos hijas a la parte continental de Estados Unidos el 2 de noviembre, dejando su casa en Cayey, localidad ubicada en las otrora frondosas montañas del centro de la isla. La familia perdió la vivienda y un auto durante la tormenta y ahora duerme en sillones de la casa de un pariente en Providence, Rhode Island, mientras buscan un sitio permanente para vivir y un trabajo para Rodríguez. Sus padres, no obstante, se quedaron en Puerto Rico.

“Usted no sabe cuánto quisiera poder ayudar a mi familia”, declaró Rodríguez en una entrevista telefónica desde Providence. “Estoy aquí tratando de hacer eso”.

María derribó árboles y destruyó casas y el tendido eléctrico durante 12 horas inacabables, con vientos de hasta 247 kilómetros (154 millas) por hora. Buena parte de Puerto Rico, que es un territorio estadounidense, sigue sin luz y el 15% de la población no tiene agua corriente más de un mes después del huracán. Es el apagón más prolongado en la historia de Estados Unidos y las autoridades dicen que los daños totales podrían ascender a entre 45.000 y 95.000 millones de dólares, en una isla que ya enfrentaba una recesión de 11 años.

El éxodo que comenzó después del huracán tendrá su propio impacto económico, según el economista Joaquín Villamil, presidente y CEO de Estudios Técnicos, una firma consultora de temas económicos.

“Tiene un efecto terrible”, señaló, destacando que las ventas al por menor ya bajaron y que al disminuir la población, se pagarán menos impuestos y varios sectores se verán afectados, incluido el de la vivienda. “No sólo va a ser una población más vieja, sino también una población más pobre”.

Los profesionales parten a un ritmo alarmante y la isla podría sufrir un descenso en su población del 25% entre el 2000 y el 2025. Quedarían para entonces 3.000.000 de personas, si no menos, comparado con los 3.800.000 de hace dos décadas, indicó Villamil.

“Es un problema muy serio”, afirmó. “El ‘demographic transition’ (la transición demográfica) va a ser el ‘driver’ (motor) de lo que pase aquí en términos económicos y sociales”.

El debate acerca de si irse o quedarse tiene sus raíces en el status de Puerto Rico como territorio estadounidense. Si bien la isla no es un estado, los puertorriqueños tienen pasaporte estadounidense y pueden entrar y salir a voluntad, pero muchos sienten una identificación con la isla equivalente a un orgullo nacional.

“Debemos de quedarnos aquí y ayudarnos los unos a los otros. ¿Por qué huyen del problema?”, preguntó Sharon Velázquez, ama de casa que vive con su familia en la municipalidad occidental de San Lorenzo, una de las más golpeadas por el huracán María. “Nosotros no nos quitamos… Hay que seguir luchando”.

Esta batalla no es nueva en Puerto Rico. En la última década se fueron medio millón de personas como consecuencia de la crisis económica, según un informe del Centro de Estudios Puertorriqueños del Hunter College de Nueva York.

“Desde hace varios años que hay cierto resentimiento”, declaró Luis Martínez Fernández, profesor de historia de la Universidad del Centro de la Florida, que se enfoca en la cultura puertorriqueña. “Los más inflexibles en la postura de que hay que quedarse adoptaron posiciones más intransigentes todavía”.

De los más de 140.000 puertorriqueños que se cree se fueron desde la tormenta, más de 130.000 recalaron en la Florida. Los demás terminaron mayormente en Pensilvania, Texas, Nueva York y Nueva Jersey, indicaron investigadores del Hunter College. En este grupo figuran unos 14.000 estudiantes de escuelas públicas, de acuerdo con la secretaria de educación Julia Keleher.

Ivone Nieves, profesora, se pasó tres días trabajando con agua hasta los tobillos tras el paso de María, hasta que decidió irse a Orlando. Llegó el 1ro de noviembre y espera el arribo de su pareja y sus cuatro hijos el 4 de octubre.

La familia se quedó son agua y sin luz, y Nieves dice que quiere un futuro mejor para sus hijos. Aseguró que ya ha recibido dos ofertas de trabajo.

“Desde cualquier punto de los Estados Unidos podemos levantar a la isla”, manifestó.